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Sacramento del Bautismo

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Los padres interesados en bautizar a sus hijos menores de 9 años han de diligenciar el formato que encuentran en la oficina de la Atención Parroquial y programar una…

Celebrar el sacramento del bautismo es una decisión sumamente delicada e importante pues sus efectos perdurán para toda la vida. De ahí que los padres de familia han de asumir con toda responsabilidad y conciencia las obligaciones que se derivan del bautismo de sus hijos.

Muchos bautismo fueron celebrados por conservar la tradición familiar: los abuelos fueron bautizados, los padres también lo fueron y por ende ahora toca bautizar a los hijos. Sin embargo, con el pasar del tiempo y ante la poca formación en la fe de las recientes generaciones, se hace necesario dedicar tiempo y esfuerzo a la preparación consiente de padres y padrinos, para que comprendan y apropiar mejor el sentido del bautismo.

El primer paso, en la celebración del bautismo de un niño, es preguntar a los padres y padrinos si se comprometen a educarlo en la fe de la Iglesia para que lleve una vida conforme a Jesucristo, a los que ellos rápidamente responden: “Si, nos comprometemos”. Curiosamente, muchos de estos padres y especialmente los padrinos no tienen la menos idea de cuál ni qué significa realmente la fe de la Iglesia. Piensan que es suficiente mencionar a Dios para que el sacerdote continúe con el rito y poder así ir a “celebrar”.

El sacerdote, responsable de administrar la Gracia de Dios a través de los sacramentos, ha de garantizar las condiciones mínimas necesarias para que quien recibe el sacramento del bautismo pueda conocer, amar y servir a Jesucristo a lo largo de su vida. De ahí la importancia que tiene la entrevista con el párroco, en la que éste les hacer ver a los padres y padrinos la responsabilidad de educar a sus hijos en la fe con las palabras, pero sobretodo con el testimonio de su propia vida.

Es un hecho probado que los niños tienden a imitar a sus padres (o a quienes asumen la tarea de su crianza) haciendo suyas las costumbres, comportamientos y acciones que vean en ellos. Un papá creyente transmitirá a sus hijos las manifestaciones de su fe, su constancia en la oración, la participación frecuente en la eucaristía, su gusto por vivir la caridad y las demás virtudes que brotan de su fe en Cristo.

¿Por qué un papá no creyente pediría a la Iglesia el bautismo para su hijo? Llama la atención el número de adultos que sin procurar una vida en gracias de Dios, apartados de la fe y de la Iglesia, se acercan a pedir la gracia del bautismo para sus hijos. Los mismos que rechazan para sí los sacramentos del matrimonio, la confesión y la eucaristía, piden que sus hijos reciban el sacramento del bautismo y la gracia de estar con Dios.

No hace mucho tiempo atrás lo mejor para los hijos coincidía con lo mejor para los padres, por lo que muchos de ellos asumían con gusto renuncias y sacrificios con tal de dar lo mejor de sí a sus hijos; su felicidad era verlos felices y su satisfacción el verlos crecer en todas los aspectos de su vida. Muchos veían con orgullo el que sus hijos se le parecieran y llevaran en alto “el buen nombre de la familia”, más aún cuando lo que se buscaba era que fueran hombres y mujeres de bien, y prestaran un servicio a Dios y a la sociedad.

Hoy hacen falta esos hombre y mujeres de bien, padres y madres enamorados de Cristo que sirvan de modelo de vida cristiana y enriquezcan a la Iglesia con una descendencia formada en los valores del evangelio.